La empresa Anglo American Quellaveco ha puesto sobre la mesa una propuesta que ha generado seria preocupación en la región: sustituir el Compromiso 11 — la construcción de la represa Asana — por un llamado “Fondo Hídrico Asana” valorizado en S/120 millones.
Según el esquema presentado, este monto sería destinado a pequeños proyectos como:
- Siembra y cosecha de agua con qochas, reservorios.
- Agua para riego con pozos en sector acuífero (Capillune – Pasto Grande)
- Descontaminación del embalse de Pasto Grande
- PTAR en Omo
Mejoramiento de infraestructura de bombeo en los valles de Moquegua e Ilo
A simple vista suena técnico. Suena útil. Pero no reemplaza en absoluto a una represa.
La represa Asana no es un proyecto menor. Es la garantía de seguridad hídrica para las próximas generaciones, para la agricultura, para el consumo humano y para el desarrollo real de la región. No es un conjunto de intervenciones dispersas: es una obra estructural, estratégica y permanente.
Lo que hoy propone la empresa no es cumplir el compromiso. Es cambiar la regla del juego.
S/120 millones, frente a lo que significaría una represa, resulta un monto que para muchos sectores de la población suena más a una compensación simbólica que a una solución de fondo.
La pregunta que surge en Moquegua es inevitable:¿Eso es lo que merece la región a cambio de renunciar a la represa Asana?
Más aún, preocupa el silencio y la tibieza con la que algunas autoridades vienen tomando esta propuesta, cuando el acuerdo original fue claro y firmado: Asana no era negociable.
Hoy, bajo el argumento de un “fondo hídrico”, se intenta abrir la puerta a una sustitución que técnicamente aún no ha sido validada, pero que políticamente ya empieza a generar ruido.
Moquegua no necesita parches.Moquegua necesita seguridad hídrica real.
Y eso solo lo garantiza la represa Asana.
