“Luego de la tormenta llega la calma”, pero también debería llegar la reflexión.
La DANA “Aníbal”, una Depresión Aislada en Niveles Altos caracterizada por la presencia de aire frío en las capas superiores de la atmósfera, comienza a retirarse y se prevé que entre este miércoles y jueves avance hacia el sur para finalmente disiparse.
Sin embargo, su paso deja algo más que lluvias, vientos y temperaturas inusuales: deja al descubierto la fragilidad de nuestras ciudades y la falta de preparación frente a fenómenos meteorológicos extremos.
La DANA provocó lluvias intensas, tormentas, huaicos, vientos fuertes, heladas y otros eventos asociados que afectaron a diferentes regiones del país. Ilo, Moquegua, Arequipa y Tacna estuvieron entre las zonas que enfrentaron situaciones especialmente complicadas.
En Ilo, la emergencia fue particularmente preocupante. La activación de quebradas generó huaicos en distintos puntos de la Costanera Norte y Sur, ocasionando bloqueos, daños en la infraestructura vial, vehículos afectados y situaciones que pusieron en riesgo la vida de las personas.
Y aquí aparece la pregunta que no podemos dejar de hacernos: ¿qué tan preparados estamos realmente para enfrentar una emergencia de esta magnitud?
Porque no basta con reaccionar cuando el huaico ya bajó, cuando la carretera ya fue destruida o cuando un vehículo quedó atrapado. La prevención debe comenzar mucho antes: con quebradas identificadas y monitoreadas, vías adecuadamente protegidas, sistemas de alerta eficientes, maquinaria disponible y autoridades con capacidad de respuesta inmediata.
La DANA “Aníbal” puede retirarse, pero el riesgo permanece.
Lo ocurrido debería servir como una advertencia y, sobre todo, como una oportunidad para corregir errores. No podemos esperar al próximo fenómeno para volver a descubrir que nuestras ciudades siguen siendo vulnerables.
La naturaleza nos acaba de enviar un mensaje claro. La pregunta es si esta vez estaremos dispuestos a escucharlo.
