La noche del 14 de diciembre de 2024 marcó para siempre la vida de la familia Ponce Flores. Ernesto, un padre y hermano querido, salió de su casa en Torata con la única intención de dejar a su hijo en la vivienda de su exconviviente. Horas después, sus familiares lo encontrarían malherido y sangrando, junto a su camioneta, en una calle del distrito. Esa fue la última vez que lo vieron con vida.
Cinco meses han pasado desde entonces, y el clamor de justicia no cesa. Para sus hermanos, la herida sigue abierta y la impunidad duele tanto como la pérdida. Agustina Ponce Flores, hermana de Ernesto, relata que esa noche fue contactada por él mismo, quien con voz entrecortada denunció haber sido agredido brutalmente por Juan Pablo Ponce Manzano, tío suyo y actual pareja de su exconviviente, Ana Julia Huanca Contreras.
“El mismo Ernesto nos llamó para pedir ayuda. Estaba herido, y aún así tuvo fuerzas para decirnos quién lo había golpeado. ¿Qué más prueba quieren?”, expresa entre lágrimas.
La agresión ocurrió tras una discusión en la vivienda de Huanca Contreras. Testigos y una cámara de seguridad captaron cómo Ernesto fue empujado al suelo y golpeado incluso cuando ya se encontraba inconsciente. Pese a la contundencia del video —que ya ha sido presentado a las autoridades—, hasta ahora no se ha iniciado ningún proceso penal contra el presunto agresor.
Aún más indignante resulta para la familia la actitud de algunos involucrados. Ana Julia Huanca, quien aseguró no haber estado presente durante los hechos, aparece en el video llegando segundos después del ataque. “No entendemos por qué se protege a los que mienten. Lo que queremos es la verdad y justicia para mi hermano”, señala Agustina.
Mientras tanto, la familia organiza una actividad solidaria para enfrentar los costos legales. El próximo viernes 30 de mayo, desde las 9:00 a. m., realizarán una pollada pro-justicia en el parque infantil de Torata. “No lo hacemos solo por dinero, sino para mantener viva la memoria de Ernesto. No vamos a descansar hasta que este crimen no quede impune”, asegura Alejandro, otro de sus hermanos.
Este caso es uno más que pone en evidencia la lentitud del sistema judicial y el dolor de tantas familias que buscan respuestas. En Torata, la comunidad empieza también a levantar su voz, pidiendo que el caso no quede en el olvido.
Porque la justicia, cuando tarda, también duele.
