MOQUEGUA: SOMOS LA SEGUNDA REGIÓN CON LA MENOR TASA DE POBREZA, PERO UN TERCIO DE LA POBLACIÓN ES VULNERABLE A CAER EN ELLA

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A pesar de que Moquegua mantiene una de las tasas de pobreza más bajas del país, muchos de sus habitantes sólo cubren lo esencial sin capacidad de ahorro, por lo que cualquier imprevisto los deja en riesgo económico.

Moquegua, 23 de mayo de 2025.- Moquegua se posiciona como la segunda región con la menor tasa de pobreza en el Perú, con el 11% de su población en esta condición. Esto representa a cerca de 17 mil personas que no cuentan con ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Si bien esta cifra es considerablemente menor que el promedio nacional de pobreza (27.6%) y que la de muchas otras regiones, no deja de ser preocupante: la pobreza sigue siendo un problema serio, y la existencia de grupos vulnerables expone a la región al riesgo de que más personas caigan en situaciones de precariedad económica.

“Aunque Moquegua tiene una pobreza muy inferior al promedio nacional, es preocupante que 3 de cada 10 personas (29.4%) sean vulnerables a caer en pobreza monetaria. Esto significa que muchos hogares se mantienen apenas al borde de la línea de pobreza, con ingresos escasos para resistir cualquier adversidad económica. Así, cualquier alza repentina de los costos de vida o pérdida de puestos de trabajo puede perjudicarlos”, explicó Carlos León, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).

La vulnerabilidad monetaria afecta a aquellas personas cuyos ingresos, aunque les permiten cubrir lo básico, no les alcanzan para generar ahorros ni afrontar imprevistos. Esto significa que, ante cualquier desaceleración económica, alza de precios o problema personal –como la pérdida de empleo o una emergencia de salud–, estas personas corren un alto riesgo de caer en la pobreza. Viven en una situación frágil, donde cualquier cambio negativo en su entorno puede comprometer seriamente su bienestar y el de sus familias.

“Para reducir la pobreza, es clave impulsar empleo accesible en servicios o actividades vinculadas a la minería formal, construcción y manufactura para la población vulnerable. Su impacto es mayor si se acompaña de políticas que promuevan inversión, empleo formal y condiciones laborales justas, mejorando así la calidad de vida y la estabilidad económica de las familias”, comentó el especialista.

Actualmente, en Moquegua hay más de 68 mil personas que trabajan en la informalidad, principalmente en el sector comercio, de acuerdo con el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo. León precisó que esta es la cifra más baja a nivel nacional, pero no menos importante porque son miles de personas que trabajan sin protección, estabilidad ni ingresos adecuados para tener una vida digna.

El costo de la pobreza: ingresos insuficientes y vulnerabilidad social

En el país, una persona es considerada en situación de pobreza si no tiene suficiente dinero para cubrir sus necesidades básicas, como alimentación, transporte, salud y educación. Según el INEI, una persona se considera en situación de pobreza si no dispone de más de S/454 mensuales para cubrir el costo de la canasta básica de bienes y servicios. Este monto es insuficiente para cubrir las necesidades básicas en los hogares de la costa: en el área rural se necesitan S/1,472 y en el área urbana sube a S/1,832.

Si una persona no cuenta con un ingreso suficiente para cubrir lo esencial –como comida, transporte y salud– queda atrapada en un ciclo de vulnerabilidad. El especialista señaló que ello se traduce en que esta persona tendrá dificultades para comprar alimentos nutritivos, dependerá de servicios de salud limitados y enfrentará obstáculos para trasladarse a lugares de trabajo o estudio. Con el tiempo, se deterioran sus oportunidades de desarrollo, limitando su capacidad para progresar y aportar al crecimiento económico del país.

“Salir de la pobreza no depende únicamente del ingreso, sino también del entorno en el que una persona crece, y de las oportunidades educativas y formativas que recibe desde la infancia. Por ello, hoy hablamos de pobreza multidimensional, un enfoque que no solo considera la falta de ingresos, sino también las condiciones estructurales que impactan el bienestar, como el acceso a servicios esenciales, la infraestructura y las oportunidades educativas. En Moquegua, la pobreza no solo se manifiesta en ingresos insuficientes, sino también en las barreras sociales y económicas que limitan las posibilidades de mejorar la calidad de vida”, concluyó el economista de REDES.