La Gerencia Regional de Salud Moquegua, a través de sus Módulos de Salud Mental de todos sus establecimientos, atendió en el primer semestre de este año 909 casos de violencia familiar y maltrato infantil, 471 corresponde al grupo etáreo niños, 161 adolescentes, 83 jóvenes, 157 adultos y 37 adultos mayores.
Porcentualmente, 51.8% la violencia se da en niños, seguido de adolescentes 17.7%, adultos 17.2%, jóvenes 9.1% y finalmente adultos mayores 4%.
Durante la evaluación detectaron coincidencias en las formas de violencia, como: inadecuadas prácticas de crianza, castigo físico y verbal, todo ello asociado a padres jóvenes que dan preferencia a las redes sociales y descuidan a sus hijos, propinándoles castigo en caso de interrupción a su entretenimiento, así también existe actualmente una inadecuada distribución de tiempo, en cuanto a su jornada laboral, permanencia en el hogar, falta de comunicación y afecto.
Ante esta situación, los profesionales en salud mental, intervienen a través de la aplicación de una ficha de tamizaje, la cual permite detectar la violencia y brindar la atención de una manera oportuna, según la complejidad del cada caso. Si el resultado del tamizaje es negativo, el personal de salud reforzará los factores protectores de la persona y si el caso es positivo aplicará estrategias de intervención integral que involucra a toda la familia, es decir, el trabajo con padres e hijos.
Los módulos de salud mental, son servicios de atención diferenciada para la atención de niñas, niños, adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayores, cada servicio está constituido por un equipo profesional que desarrolla acciones de prevención y atención especializada.
La violencia familiar es cualquier acto que ponga en riesgo la salud física y emocional de una persona, mediante el uso de la fuerza o las amenazas, además, es un problema social, que no diferencia sexo, raza, edad o condición social.
Un hogar que vive en un contexto cotidiano de violencia, va a perjudicar su desarrollo evolutivo a corto, mediano o largo plazo, los niños y niñas afectados por la violencia ejercida por sus padres, pueden sufrir de insomnio, falta de concentración y escaso rendimiento escolar, terrores nocturnos, falta de apetito, ira, depresión, estrés, ansiedad, entre otros.
