Mediante Resolución Viceministerial 0115-2026-VMPCIC/MC del 17 de abril del 2026, publicada en El Peruano el 22 del mismo mes y año, declaran Patrimonio Cultural de la Nación a la forma de música y danza conocida en el distrito de Matalaque como Los Arrieros y/o Los Tucumanes Arrieros de Matalaque; y en el distrito de Ubinas como Los Patroncitos y/o Los Patroncitos Tucumanes de Ubinas; vigente en el ámbito de la provincia de General Sánchez Cerro, departamento de Moquegua.
DATO PREVIO
En Ubinas y Matalaque, el arrieraje se recrea a través de la danza, la experiencia del viaje, el uso de animales de carga y las relaciones asociadas al comercio y al tránsito andino, resignificando en el ámbito festivo del plano local memorias históricas del arrieraje que se remontan a la época de la colonia y la república compartidas a escala regional y nacional.
VESTIMENTA
Camisa manga larga, pantalón de montar, faja o cinturón, calzado reforzado con polainas, pañoleta, sombrero, máscara o careta y accesorios vinculados al manejo de animales. Las camisas a cuadros, confeccionadas con telas gruesas y los pantalones de color claro, reforzados en zonas de mayor desgaste (bayeta tejida en telar) responden a la necesidad de resistencia y movilidad al montar.
En Ubinas se lucen prendas reutilizadas de origen militar, mientras que en Matalaque se registran refuerzos adicionales en cuero o tela gruesa. Este conjunto reproduce visualmente la figura del arriero y remarca su vínculo histórico.
Botas de cuero (botines o zapatos reforzados) con polainas y roncadores metálicos que sustituyen a las espuelas. Sombrero de paja. Alforjas tejidas en telar tradicional. Fajas o cinturones de cuero. Lazos, zurriagos, cabrestos o armas que diferencian jerarquías y roles. Máscaras, que evocan los rostros de personajes de ascendencia europea, africana y mestiza, elaboradas artesanalmente, con facciones exageradas y de carácter satírico.
¿CUANDO SE BAILA?
En Ubinas, en diciembre durante la festividad de la Virgen de la Inmaculada Concepción; en Matalaque, en octubre en la fiesta de la Virgen del Rosario. Inicia con la entrada de la recua, en la que los danzantes ingresan en una o dos columnas encabezadas por el patrón o devoto, ejecutando un paso de marcha basado en taco y punta, con predominio del pie derecho y acompañamiento del sonido de roncadores; desplazamiento lineal que simboliza el viaje, la disciplina y la jerarquía del grupo; culminando con el saludo solemne a la imagen religiosa y al público.
En lo central se articula la formación de ruedas o círculos colectivos que giran generalmente hacia la derecha y constituyen el núcleo coreográfico. En este momento, el patrón ordena la ejecución de figuras como el sitio (zapateo sin desplazamiento) y alude al control de los animales, el golpeo hacia atrás, expresión de gallardía y esfuerzo físico; momento en que las parejas al ritmo de la música juntan diversas partes del cuerpo.
Las mudanzas combinan zapateo, balanceo corporal y contacto simbólico, recreando prácticas propias del trabajo arriero, la cooperación y la disciplina, pero también incorporando elementos de burla, guapeo y sociabilidad festiva característicos de la convivencia cotidiana en el camino;
Al final, la coreografía introduce un cambio rítmico asociado al huayñeo, manteniendo el paso básico, aunque de forma más menuda y ágil. Los danzantes interactúan con el público, invitando principalmente a las damas a participar en parejas, mediante giros, desplazamientos circulares y figuras libres cargadas de galantería y comicidad.
FUENTE: Periódico El Rotativo
